Arquitectura Poblana

Una crítica a la arquitectura de nuestra bella ciudad de Puebla. ¿Y por que no? también algunas fotografías.

Una breve critica a la reciente inauguración de la etapa uno del Museo Amparo realizada por Enrique Norten y su despacho (tan breve como el título que le da nombre)

El día de hoy pude visitar la recién inaugurada intervención del Arquitecto Enrique Norten, y su despacho TEN Arquitectos, en el Museo Amparo en mi querida ciudad natal Puebla de los Ángeles (o de Zaragoza, whatever) Tenía una gran expectativa cuando hace ya más de un año visite la exposición de intervenciones del ya nombrado despacho, y la presentación del proyecto de ampliación y remodelación del museo. Parecía conceptualmente una buena propuesta. 

Mis expectativas bajaron cuando en Noviembre del año pasado salió a la luz el arquitecto trabajaba con la ahora ex-líder del sindicato del SNTE, “la maestra” Elba Esther Gordillo, en su magno proyecto “La ciudad de la Innovación”. Sí, nada tenía que ver el magno proyecto en el D.F., con el proyecto en la ciudad de Puebla. Sin embargo, algo en mí se desmoralizo al respecto. 

Quiero decir que como Arquitecto que soy, no estoy en contra de lasintervenciones/adecuación en los edificios catalogados como monumentos históricos/artísticos. Entendiéndose como intervención/adecuación no sólo la conservación del patrimonio, sino también la audacia de incorporar tecnologías recientes para la actualización de espacios. Creo son una buena oportunidad para que la comunidad  -comúnmente ajenos al inmueble- se identifiquen y apropie de ellos. Como ejemplo exitoso de este tipo de proyectos, tengo en mente San Pablo en Oaxaca. Sede de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca (FAHHO) 

Sin embargo, al Arquitecto Norten y a su despacho les faltó audacia para entender la cultura poblana. Primero encontramos un gran vestíbulo con una doble-altura con una espectacular luz que penetra por el cubo de cristal colocado en el segundo nivel. Admito este gran cubo de vidrio ácidos no me molesta. Es interesante adentrarse al inmueble por la 2 norte y encontrarse con una hilera de 4 pares de puertas de cristal transparente, e ir descubriendo, mientras te acercas, el enorme espacio iluminado, cubierto de vidrio traslúcido, destacando una gran mesa de revestida de un material metálico que funcionan como taquillas, y remata un segundo cubo de cristal -contenedora de los elevadores - y una linda escalara de madera clara de un sólo tiro con barandal metálico. El arquitecto acertó en crear este vestíbulo como punto de distribución hacia los 3 inmuebles que conforman el museo -o eso entendí intenta lograr cuando se concluyan las dos etapas faltantes. Se puede entender el arquitecto quiso jugar con la temporalidad: la contemporaneidad del espacio vestibular con la historicidad de los inmuebles catalogados como patrimonios de la humanidad. 

Las tres nuevas salas de exposiciones temporales son ordinarias. No se puede esperar mucho de estos espacios. Me reconforta saber que están bien iluminadas y los materiales son cálidos. Lo demás mucho depende de los museólogos y el diseño de sus exposiciones temporales. Dentro de los inmuebles, la conservación ha sido preciosa. Espero poder regresar y contemplarla nuevamente.

Lamentablemente mi mayor decepción es aquello que todo el mundo alaba: La terraza en el segundo nivel. Repleta de unas horribles macetas cúbicas cubiertas de azulejos azul (pareciera pleonasmo, pero no lo es) que intenta -creo yo, sino no le veo el caso- representar la talavera poblana. Y aquí es dónde afirmo que el señor arquitecto Enrique Norten no supo representar la identidad poblana. La terraza era el lugar perfecto para poder crear identidad con la ciudad. Se tiene la maravillosa vista de la catedral (al norte), una cúpula impresionante que pocos han percatado en la Iglesia de la Soledad (al sur), y por si fuera poco, una hermosa variedad de edificios coloniales (mi favorito en la esquina de la 2 norte y la 5 oriente). ¿La propuesta del arquitecto? Piso modular de madera tratada, una variedad en tamaños de macetas “azulejadas”, una variedad de vegetación (Algunas de mi gusto, algunas no. Eso sí, con una distribución terrible), y un mobiliario que más bien parecen de esos conos para que los caninos eviten lastimarse cuando están heridos. 

Estoy consciente el museo es privado, y todo lo que eso implica. Sin embargo, uno siempre espera una muestra de humildad en estos espacio promotores de cultura. Y con esta terraza me he quedado esperando; pues es la muestra perfecta, que tanto los dueños del museo como los diseñadores, han tenido en mente de este espacio el espacio privado, utilizado por un grupo selecto de personas. Y no como el espacio público que le compete.

Es una lástima. Sobre todo porque nos dejamos (y cuando digo “nos dejamos”, quiero decir “se dejan”) influenciar por materiales nuevos, recientes, mobiliario blanco, una linda vista y poco evaluamos lo que ese espacio quiere significar. ¿Qué significa para mí? ¿Qué significa para mi ciudad? ¿Cumple con las necesidades intrínsecas de un museo? ¿O este espacio sólo ha sido una víctima más de la indiferencia ante la sociedad, ante su entorno?

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